La Casa de las Torres, como su propietario la nombró desde el inicio, fue concebida como un lugar único, fuera de serie, una casa donde se conjugara una serie de ambientes de arquitectura mexicana, dentro de un marco místico, como de una misión, de un monasterio, incluso con un ligero toque medieval. De finales del siglo XIX se encontraba dividida físicamente en dos viviendas, razón por la cual el propietario adquirió ambas propiedades. El trabajo consistió en devolver a la casa toda la plenitud y majestuosidad como fue concebida desde sus inicios.

La casa presentaba múltiples alteraciones, tales como una división física a lo largo de la propiedad, contaba también con adiciones carentes de escala y sin ningún valor histórico, por lo que la primera tarea fue eliminar estos elementos, quedando solamente el esquema en “L” original de la planta. En esta sección se encontraron unos esténciles que fueron restaurados, al igual que el techo original hecho de vigas de metal con viguetillas de madera.

Se inició en el foyer, un espacio limpio donde se observan los muros restaurados, con pisos de pasta diseñados exclusivamente para la casa y amueblado con solo una banca de madera, ubicada de tal forma que al sentarte en ella puedas contemplar desde allí del magnífico retablo ubicado al fondo del espacio contiguo, el cual es la única zona donde se mantuvo el piso de pasta original de la casa, un espacio sobrio de contemplación.

Perpendicular a este primer salón se ubican las recámaras de visitas, acondicionadas con muebles antiguos y unos nuevos hechos a semejanza de los primeros, de tal forma que parezca que el tiempo se ha detenido.

Al esquema en “L” original se agregó una nueva sección, que cierra y genera un esquema en “C”, que a su vez crea un primer patio típico de nuestra región, donde se ha ubicado una fuente; este espacio nos hace recordar el clásico patio mexicano, y sirve para ventilar las recámaras y la sala de TV-estudio. En este espacio se realizaron unos murales alusivos a las iglesias que se encuentran alrededor y la catedral, cuyo plafón fue pintado semejando tableros de madera.

A través de este patio podemos llegar al espacio más importante de toda la casa: el Gran Salón donde se ubica la cocina, el comedor y la sala. Esta es una área nueva y fue construida con el mismo concepto manejado en toda la casa, que diera la impresión de que siempre estuvo allí un espacio que te transportara en el tiempo, haciéndote vivir una experiencia única, imaginando cómo vivían los primeros franciscanos; un espacio limpio, dejando las paredes antiguas tal como se encontraron, pero agregándoles un sutil decorado a manera de esténcil, vigas de madera antigua. Es el único espacio con piso de piedra, cuidando minuciosamente su decoración con muebles antiguos como, por ejemplo, el trinchador que se encuentra detrás del comedor, donde se puede admirar la vajilla de talavera hecha especialmente integrando el escudo de la familia del propietario en el diseño; la mesa de comedor hecha de madera antigua y patinada a propósito con las sillas de madera y piel. Desde ese espacio se puede ver la cocina clásica mexicana jerarquizando la chimenea de cemento en equilibrio con el horno ubicado en la esquina; toda esta simpleza no podía verse afectada, así que los equipos electrodomésticos se ocultaron, pero sin sacrificar la funcionalidad de la cocina.

Conectada a este gran salón se puede ver la recámara principal; este espacio también es nuevo, pero siguiendo con el mismo concepto se le agregaron vigas de madera antigua en el plafón, muros decorados con esténciles con motivos religiosos, y como remate un gobelino enmarcado y usado como la cabecera.

Tanto el gran salón como la recámara principal se comunican directamente con el patio posterior donde se encuentra la piscina, junto a la que se ubica la palapa con arena de playa. Este espacio es único, porque está diseñado para pasar las horas refrescándose, ya sea en la piscina o tomando una pequeña siesta en la hamaca colocada en la penumbra de la palapa; todo este patio ambientado con una exuberante vegetación tropical.

Sin duda alguna esta casate permite tener una experiencia única y fuera de serie, es una combinación de elementos de la arquitectura colonial española de los franciscanos y elementos típicos de las haciendas yucatecas, con pinceladas de color propias de la cultura mexicana.

 

Proyecto: Arq. Juan Carlos Alonso Espinosa

Ubicación: Centro Histórico, Mérida, Yucatán

Propietario: Mr. Greg Casini

Diseño de interior: Arq. Juan Carlos Alonso Espinosa, Greg Casini

Diseño de Paisaje: Arq. Juan Carlos Alonso, Greg Casini

Artista Plastico: Miguel Rivero

Construccion: Kuk Construccion

Pisos de pasta: Pisos y Mosaicos La Peninsular

Pisos de piedra: Artesanos de Dzitya

Fotografia: Neil Youngson, Jorge Rosado y Juan Carlos Alons

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